El síntoma primario común en los trastornos amnésicos es un trastorno de la memoria que provoca una incapacidad significativa en el funcionamiento social o laboral. El diagnóstico del trastorno amnésico no puede establecerse cuando el paciente sufre otros signos de deterioro cognitivo, como los presentes en la demencia, o cuando presenta deficiencia de atención o conciencia, como se ve en el delirium.
Los trastornos amnésicos se diferencian de los disociativos (como la amnesia se diferencia disociativa, la fuga disociativa o el trastorno de identidad disociativo) por la presencia, identificada o presunta, de una enfermedad médica general que causa el trastorno (por ejemplo, una historia de trauma cefálico o envenenamiento por monóxido de carbono).
No existen estudios definitivos sobre la incidencia y prevalencia de los trastornos amnésicos. Sin embargo algunos trabajos documentan la incidencia o la prevalencia del deterioro de la memoria en trastornos específicos (como por ejemplo, en la esclerosis múltiple). La amnesia es frecuente en los trastornos relacionados con el abuso de alcohol, y un incremento de amnesia producida por trastornos craneoencefálicos. Se destaca que la estructura neuroanatómica más importante relacionadas con la memoria y el desarrollo de un trastorno amnésico son estructuras diencefálicas concretas.



