La sexualidad humana es un fenómeno pluridimensional con una diferente finalidad en el ser humano, modificándose según el ciclo vital del individuo y dependendiente del entorno sociocultural predominante. De una forma práctica se ha descrito la sexualidad como «aquella función vital presente en los seres humanos encaminada a la satisfacción de modo independiente o vinculada a la reproducción», aunque desde un enfoque multicausal (biopsicosocial) se ha considerado que en la salud sexual se debería incluir «…la integración de elementos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser humano por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación y el amor…». En la definición de salud sexual o sexualidad sana se considera «la aptitud para disfrutar de la actividad sexual y reproductiva, amoldándose a criterios de ética social y personal. La ausencia de temores, de sentimientos de vergüenza, culpabilidad, de creencias infundadas y de otros factores psicológicos que inhiban la reactividad sexual o perturben las relaciones sexuales. Y la ausencia de trastornos orgánicos, de enfermedades y deficiencias que entorpezcan la actividad sexual y reproductiva» (OMS, 1975).
La conducta sexual se ha valorado mediante distintos criterios que permiten su mejor comprensión en términos de salud/enfermedad y normalidad/anormalidad, debiendo considerarse de una forma integrada, complementaria y no excluyente.


