Algunas características referidas en la sexualidad infantil son: escaso desarrollo del sexo gonadal, somático y genital, reducida circulación sistémica hormonal, inespecificidad del proceso atracción y deseo, y actividades de carácter sexual atribuidas a la necesidad de exploración o imitación del entorno.
En los dos primeros años de vida, se produce la identificación sexual y un rol de género a desarrollar (vestimenta, juegos, comportamiento, etc.), y aunque todavía es un período de cierta indefinición, se han observado intereses y juegos asociados socialmente con el sexo. La actitud prestada por los adultos según el sexo del niño (femenino o masculino) es un condicionante básico, influyendo en las expectativas de su crecimiento. Las relaciones afectivas con los progenitores se convierten en un elemento fundamental en el aprendizaje social.
De los 2 a los 6-7 años, sin unos cambios fisiológicos significativos, se mantiene una educación orientada a la asignación de identidad y rol sexual. A partir de los 2 años, van autodenominándose como «niño» o «niña» y entre los 2-3 años se autoclasifican adecuadamente, recurriendo con frecuencia al rótulo de su identidad para aceptar o rechazar juegos, comportamientos, ropa, etc. Aunque van adquiriendo la identidad sexual y de género, desconocen que su asignación sexual será permanente y su dependencia biológica y social. Se intensifica el proceso de tipificación sexual y la influencia del entorno familiar y social. El niño presenta una gran capacidad de aprendizaje, practicando juegos y actividades por conductas de imitación o exploración, y elaborando teorías peculiares sobre la sexualidad (la madre es la única que contribuye a la reproducción sin el padre, la presencia de atributos masculinos en todos los niños y sorprendiéndose por su ausencia en las niñas, nacimiento por algún orificio corporal, etc.). Sienten gran curiosidad por el cuerpo (propio o de alguien cercano), explorándolo de formas diversas (comparando, tocando, incluso con actitudes de carácter masturbatorio) y realizando preguntas de carácter sexual sin sentirse avergonzados (lo que en todo caso es un condicionante social). Progresivamente tienden a estrechar lazos con individuos del mismo sexo y rechazar a quienes presentan comportamientos del otro sexo, incluso llegando a asumir ciertos estereotipos sociales.



