La demencia es un síndrome caracterizado por el deterioro múltiple de las funciones cognitivas sin alteración de la conciencia. Las funciones cognitivas que pueden afectarse son la inteligencia general, el aprendizaje y la memoria, el lenguaje y la solución de problemas, la orientación, la percepción, la atención y concentración, el juicio y las capacidades sociales, así como la personalidad del paciente.
Si el cuadro presenta también alteración de la conciencia es posible que el paciente cumpla los criterios diagnósticos de delirium. Además el diagnóstico de demencia, según el DSM-IV, requiere que los síntomas supongan un deterioro significativo del sufrimiento ocupacional y social e implique un declive considerable del nivel funcional previo.
Desde el punto de vista clínico, lo esencial en la demencia es la identificación sindrómica y el manejo clínico de la causa. El trastorno puede ser progresivo o estable, permanente o reversible. Casi siempre existe una causa subyacente, aunque en casos extraños resulta imposible determinar la causa específica.
La reversibilidad potencial de la demencia depende de la patología subyacente a la que va asociada y de la disponibilidad y aplicación de un tratamiento efectivo. En un 15% de los casos, las enfermedades son reversibles si el tratamiento de inicio es a tiempo, antes de que se produzca un daño irrecuperable.



