Criterios de definición de ansiedad y depresión

Los criterios diagnósticos de ansiedad y depresión más aceptados en psiquiatría, y a los que se hace referencia en este subprograma, son los del DSM-III-R, DSM-IV y los de la CIE-10.
Las investigaciones realizadas en Atención Primaria ponen de manifiesto la existencia de un infradiagnóstico, como consecuencia de que una importante proporción de la morbilidad psíquica no es detectada por los médicos de familia (morbilidad psiquiátrica oculta).
La entrevista clínica constituye sin duda el mejor método para la detección de los trastornos psicopatológicos, si bien requiere una serie de habilidades por parte del entrevistador. Por ello, para facilitar la detección de estos trastornos por el médico de familia se han diseñado algunos cuestionarios que pueden integrarse en el contenido de esta entrevista clínica para facilitar su estructuración y mejorar la habilidad en la detección de psicopatología.
De los diferentes instrumentos existentes en la actualidad, se propone la utilización de la Escala de Ansiedad y Depresión de Goldberg (EADG). Esta escala está diseñada para facilitar la detección de los trastornos que más frecuentemente debe afrontar el médico no psiquiatra.
La elección de la EADG se basa en que reúne una serie de características muy apropiadas para su utilización en Atención Primaria: brevedad, sencillez, aceptabilidad, poder discriminatorio entre ansiedad y depresión y adecuados índices de validez (sensibilidad del 83,1%, especificidad del 81,8%, índice de mal clasificados del 17,7%, valor predictivo positivo del 95,3%). Esta escala ha sido validada para la población española en adultos.
La experiencia clínica e investigadora en Atención Primaria sugiere dirigir la detección especialmente a determinados grupos de pacientes. La mayoría de los autores consideran que la aplicación de tests y escalas a la población general no está justificada porque, si bien su valor estadístico es hoy incuestionable, pueden fallar en la identificación del paciente concreto. Por otra parte, tampoco mejoran las redes de atención disponibles ni las capacidades y habilidades para el cuidado psicológico por parte de los profesionales. No hay duda de que la formación psicosocial del personal asistencial es la mejor solución para abordar este programa, tal como señalábamos en la introducción de estos programas de prevención de la salud mental desde la APS.

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