
Consideramos la sexualidad, en un sentido amplio, como una de las expresiones del ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, por eso es imposible disociarla de la afectividad, la comunicación y el respeto mutuo, entre otras. Afirmada en su dimensión biológica y psicológica, desarrollada desde la interrelación social y las pautas culturales, estimulada por la imaginación, la fantasía, la creatividad, la sexualidad es entendida como una fuerza movilizadora vital que impulsa el desarrollo de los seres humanos en la convivencia.
Por ello la salud sexual tiene como objetivo el desarrollo de la vida y de las relaciones personales y, en ese sentido, el sistema de salud sexual debería contemplar servicios más allá de la orientación y cuidados relacionados a la reproducción y las enfermedades de transmisión sexual.
Por otro lado, la salud reproductiva, es definida como “el estado físico, mental y social de bienestar total y no sólo la ausencia de una enfermedad, en todos los asuntos relacionados al sistema de salud reproductiva y a sus funciones y procesos. Las personas pueden tener una vida sexual satisfactoria y segura y tienen la capacidad de reproducirse y la libertad de elegir cuando y cuán a menudo lo hacen”.


