La salud mental es tan importante como la salud física, y en algunos casos hasta mas, descubre en nuestro blog, técnicas, anécdotas, descubrimientos y mucho mas sobre como tratar los problemas que se originan en nuestro cerebro.
La salud mental es tan importante como la salud física, y en algunos casos hasta mas, descubre en nuestro blog, técnicas, anécdotas, descubrimientos y mucho mas sobre como tratar los problemas que se originan en nuestro cerebro.
El período de desarrollo que va de los seis a los doce años, tiene como experiencia central el ingreso al colegio. A esta edad el niño debe salir de su casa y entrar a un mundo desconocido, donde aquellas personas que forman su familia y su mundo hasta ese momento, quedan fuera. Su éxito o fracaso en este período va a depender en parte de las habilidades que haya desarrollado en sus seis años de vida anteriores. Este hecho marca el inicio del contacto del niño con la sociedad a la que pertenece, la cual hace exigencias que requieren de nuevas habilidades y destrezas para su superación exitosa, y es, a través del colegio, que se le van a entregar las herramientas necesarias para desenvolverse en el mundo adulto.
El colegio puede ser una prueba severa de si se han logrado o no las tareas del desarrollo de las etapas anteriores, ya que el período escolar trae a la superficie problemas que son el resultado de dificultades previas no resueltas.
La entrada al colegio implica que el niño debe enfrentar y adecuarse a un ambiente nuevo en el cual deberá lidiar con demandas desconocidas hasta ese momento para él, aprender las expectativas del colegio y de sus profesores y lograr la aceptación de su grupo de pares. La adaptación y ajuste que el niño logre a este nuevo ambiente, como veremos posteriormente, tiene una importancia que trasciende lo inmediato.
El grado en que el niño se considera confortable e incluido en el colegio es expresión del éxito en su adaptación. Reacciones como ansiedad, evitación o actitudes negativas pueden ser signos tempranos de dificultades en su ajuste y que pueden tornarse en problemas futuros.
Es importante fomentar y reforzar la práctica de deportes en niños y niñas, siendo recomendable que los padres también los practiquen con ellos, sin desmedro de que predomine la compañía de sus pares. Se debe permitir y orientar la aparición de nuevas formas de recreación, como el escuchar música, lectura, juegos y redes computacionales, televisión, cine y vídeos, etc. Estas actividades son potencialmente positivas, debiendo los padres estar atentos a que su calidad y magnitud sean las adecuadas.
Es recomendable que la recreación sea también una forma de socialización donde el niño encuentre y desarrolle relaciones de amistad con sus pares.
El escolar debe tener conciencia de los riesgos y daños que acompañan al consumo de tabaco, drogas y alcohol, para lo cual la familia y la escuela constituyen instrumentos formativos esenciales.
En la medida en que el niño se desenvuelva en ambientes donde estos riesgos estén controlados, se estará actuando en forma preventiva, frente a problemas de difícil tratamiento posterior.
En esta etapa comienza la aparición de la moral vinculada a la consideración del bienestar del otro, lo que puede ocurrir debido al desarrollo cognitivo que se produce en esta edad y que permite que el niño considere puntos de vista diferentes a los suyos, producto de la disminución del egocentrismo de etapas anteriores. Esto implica que el niño puede imaginar como piensa y siente otra persona.
Moral de Cooperación o Autónoma: Se caracteriza por cierta flexibilidad, por la capacidad de darse cuenta de los diferentes puntos de vista. Logra hacer juicios más sutiles que incluyen las intenciones del que cometió la falta y no tan sólo las consecuencias del hecho. Los juicios de niños menores solamente consideran el grado de la falta.
Respecto al ámbito sexual: hace algunas décadas se consideraba que esta etapa se caracterizaba por la ausencia absoluta de interés sexual; sin embargo en la actualidad se ha constatado que se mantiene cierto interés por parte de los niños, tanto en preguntar y hablar acerca del tema como por experimentar y participar en juegos sexuales, pero la intensidad y el tiempo destinados a ellos son notoriamente menores que en la etapa anterior y a los que se va a destinar durante la adolescencia. Esto ocurre debido a que el foco central del niño durante la niñez intermedia está puesto en el aprendizaje y adquisición de herramientas que le permitan integrarse al mundo adulto.
En el ámbito cognitivo, el niño de seis años entra en la etapa que Piaget ha denominado “Operaciones concretas”. Esto significa que es capaz de utilizar el pensamiento para resolver problemas, puede usar la representación mental del hecho y no requiere operar sobre la realidad para resolverlo. Sin embargo las operaciones concretas están estructuradas y organizadas en función de fenómenos concretos, sucesos que suelen darse en el presente inmediato; no se puede operar sobre enunciados verbales que no tengan su correlato en la realidad. La consideración de la potencialidad (la manera que los sucesos podrían darse) o la referencia a sucesos o situaciones futuros, son destrezas que el individuo logrará al llegar a la adolescencia, al tiempo de llegar a las operaciones formales.
Uno de los principales hitos del desarrollo intelectual mencionado en la Teoría de Piaget, es que el niño alcanza en este período del desarrollo, la noción de “conservación”, es decir, es la toma de conciencia de que dos estímulos, que son iguales en longitud, peso o cantidad, permanecen iguales ante la alteración perceptual, siempre y cuando no se haya agregado ni quitado nada.
Se ha demostrado que la capacidad de adaptación que el escolar logra en los primeros años de escuela, tiene relación con su éxito o fracaso escolar y social, futuros, así como con problemas de salud mental como consumo de alcohol y drogas, conducta violenta, trastornos emocionales y conductuales.
La frecuencia de trastornos de salud mental en niños entre 6 y 8 años es de 24,2%, según estudio realizado en escuelas de comunas urbanas y pobres en 1994 (De la Barra, López y George). Este mismo estudio muestra que los niños provenientes de familias donde el padre está ausente, de familias donde existe algún miembro con alcoholismo u otra enfermedad mental y de familias que no participan en las redes sociales de su comunidad, presentan significativamente más problemas de adaptación y aprendizaje escolar.
Un 37.6% de los alumnos de primer año básico de esta misma muestra, presentan conductas desadaptativas, las que han sido descritas como predictoras de trastornos de salud mental en la adolescencia, tales como abuso de alcohol y drogas, conducta violenta y embarazo no deseado.
Se entiende por conductas desadaptativas a problemas de aceptación de la autoridad, bajo contacto social, bajos logros cognitivos e inmadurez emocional. Por otra parte, la UNICEF ha estimado una frecuencia de maltrato en escolares que alcanza a un 5%. Este problema se ha asociado con niños que no acatan normas, que tienen escasa habilidad social e insuficientes condiciones para el aprendizaje.
Algunos investigadores de la antropología médica diferencian las siguientes condiciones: la enfermedad, tener una enfermedad, sentirse enfermo, ser reconocido como enfermo.
Es necesario considerar los aspectos psicológicos, sociales y culturales para reconocer cómo se experimenta la enfermedad, cómo se relata, cómo se expresa y cómo afecta al individuo y a su familia. Estos factores también son cruciales para determinar cuándo una persona se ve o es vista por otros como enferma; cuándo ingresa al sistema de salud y cuando se convierte en paciente. De este modo, se pasa de una medicina centrada en la enfermedad a una medicina centrada en el paciente y su particular forma de vida, el contexto familiar y social.
Diversas investigaciones han documentado cómo las condiciones de vida y el vivir constituyen variables significativas que modifican el momento de aparición y el curso de las enfermedades. Por ejemplo, en períodos de duelo o en aniversarios traumáticos, el agravamiento de enfermedades autoinmunes, el mayor deterioro de la salud en viudos o personas sin soporte social, la depresión del sistema inmunológico en situaciones de estrés, etc. Lo que se espera es el desarrollo de modelos de pensar la salud que incluyan la complejidad. Para lograr un diagnóstico acertado es necesario que el médico cuente no sólo con tecnología sofisticada, sino con conocimientos científicos sobre comunicación humana y lenguaje, instrumento con el cual se construye la realidad entre médico y enfermo. Es bien conocido que los pacientes hablan según quién los escuche, por lo cual es necesario que el médico se forme como un experto entrevistador, para lo cual tendrá que descentrarse de la enfermedad y centrarse en la persona enferma.
Los sujetos ambivalentes son aquellos que buscan la proximidad de la figura primaria y al mismo tiempo se resisten a ser tranquilizados por ella, mostrando agresión hacia la madre. Responden a la separación con angustia intensa y mezclan comportamientos de apego con expresiones de protesta, enojo y resistencia. Debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales de sus cuidadores, estos niños no tienen expectativas de confianza respecto al acceso y respuesta de los primeros. Estas personas están definidas por un fuerte deseo de intimidad, junto con una inseguridad respecto a los otros, pues desean tener la interacción e intimidad y tienen intenso temor de que ésta se pierda. De igual forma, desean acceder a nueva información, pero sus intensos conflictos las lleva a alejarse de ella.
Una situación especial en la que se produce conflicto entre la conducta afectiva y la conducta de alejamiento, es la que se produce cuando la figura de apego es también la que provoca temor, al recurrir, quizás, a amenazas o actos de violencia. En esas condiciones, las criaturas más pequeñas no suelen huir de la figura hostil, sino aferrarse a ella.
Todo apego regido por la ansiedad se desarrolla no sólo porque el niño ha sido excesivamente gratificado, sino porque sus experiencias lo han llevado a elaborar un modelo de figura afectiva que suele mostrarse inaccesible o no responder a sus necesidades cuando aquél lo desea. Cuanto más estable y previsible sea el régimen en el que se cría, más firmes son los vínculos de afecto del pequeño; cuanto más imprevisibles y sujetos a interrupciones sea ese régimen, más caracterizado por la ansiedad será ese vínculo.
En el curso de la evolución, sentimos atracción hacia determinados elementos del ambiente animado o inanimado, en especial gentes y lugares con las que nos hallamos familiarizados. Por otra parte, experimentamos rechazo por situaciones ambientales que nos proporcionan indicios naturales de peligro potencial tales como suelen ser: la soledad y lo desconocido.
Seres humanos y animales de otras especies, tienden a permanecer en un sitio familiar específico, en compañía de personas también familiares. Los individuos de una especie determinada, lejos de deambular al azar a todo lo ancho de la región a la que pueden adaptarse desde el punto de vista ecológico, por lo común, pasan su vida dentro de un sector sumamente restringido de aquella ( denominada área de acción).
En un sujeto, los sistemas de activación que determinan la conducta de temor tienden a apartar al individuo de situaciones potencialmente peligrosas. De igual forma, los sistemas que determinan la conducta de apego, suelen empujarlo hacia situaciones en que potencialmente se hallará a salvo, y mantenerlo en esas condiciones.
En el hombre adulto la conducta de temor puede ser provocada por indicios que derivan por lo menos de tres fuentes: 1) Indicios naturales y sus derivados (desarrolladas en la infancia) 2) Indicios culturales aprendidos por medio de la observación (desarrolladas gracias a la sociedad) y 3) Indicios aprendidos y utilizados con un mayor grado de perfeccionamiento, a los efectos de evaluar el peligro y evitarlo.
La mujer gestante acudirá a la consulta por muy diversos motivos: para confirmar el embarazo, citada para un control habitual, por distintos signos y síntomas asociados con el embarazo, por enfermedades no relacionadas con él, etc. En cada entrevista conviene tener presente el perfil psicológico de la embarazada en las diversas etapas, con el fin de realizar una atención correcta de las demandas de la mujer. Los cambios psicológicos que presenta la gestante están determinados por sus experiencias anteriores, su relación de pareja, sus condiciones socioeconómicas y, por tanto, en la medida en que se conozcan estos aspectos se podrá incidir en una adecuada psicohigiene del embarazo, el parto y el puerperio. La ansiedad es el síntoma más característico y frecuente desde el punto de vista psicológico en la mujer gestante.
Durante el primer trimestre se debe valorar el grado de aceptación que tiene de su embarazo, ya que las primeras reacciones dependerán de si éste es deseado o no. Pueden existir sentimientos ambivalentes hacia el hijo que inquietan a la mujer. Se producen cambios en sus expectativas personales (trabajo, profesión, libertad personal), en su conformación corporal y cambios en su relación con el entorno. Se debe favorecer que hable de sus temores, sus dudas y sus fantasías. Son comunes en esta etapa la hipersomnia, los vómitos o las fantasías de aborto. En la mayoría de los casos la mujer necesitará un gasto importante de energía para adaptarse a estos cambios. Siempre se debe explicar a la mujer el proceso de implantación del embrión, así como los cambios externos que se producirán en su cuerpo. Se le aconsejará sobre el tipo de actividades que puede realizar (relaciones sexuales, deportes, labores del hogar, trabajo habitual). Disminuirá su ansiedad si se le ofrece información con un lenguaje sencillo, si es atendida siempre por los mismos profesionales y si se le brinda una relación de apoyo y confianza, ayudándola a superar actitudes regresivas.
El malestar psicológico suele recogerse en los estudios poblacionales mediante la aplicación del General Health Questionaire (GHQ), de fácil y práctico manejo. Muchos han sido los autores que en España han aplicado este instrumento, con oscilaciones que van del 18,4 al 42,9% de personas con malestar psicológico en la población general, pero con valores medios de alrededor del 26%.
Para ahondar en los trastornos mentales subyacentes a este malestar, la OMS auspició un estudio multicéntrico en 14 países, sobre 26.000 pacientes de Atención Primaria.
La crisis de los 40 años de edad marca en los hombres el momento de mayor incidencia de trastornos psicopatológicos, mientras que en las mujeres este punto de máximo peligro es algo más tardío, hacia los 45-50 años, momento en que se produce el “síndrome del nido vacío”, con la independización de los hijos. Otros factores de riesgo son: bajos ingresos económicos, viudedad, separación conyugal o divorcio y soltería, bajo nivel cultural, rupturas familiares, entornos urbanísticos deteriorados o padecimientos de otras enfermedades físicas.
Se ha propuesto el GHQ-28 como instrumento de cribado para aumentar la detección de casos en la consulta diaria y/u orientar la entrevista clínica. En efecto, la capacidad del médico de cabecera parece ser baja (sólo detecta el 36,7% de los casos), cuando no es el mismo paciente quien insinúa la causa de su malestar. La revisión realizada por Agüera de los estudios nacionales e internacionales evidencia grandes oscilaciones, con “sensibilidades” (capacidad para detectar verdaderos positivos) que van del 29 al 66%, y especificidades situadas, en general, por encima del 80%.